Razón de estado

Dibujo del Congreso de los Diputados

Hay quiénes no entienden qué significa exactamente este término. O prefieren no entenderlo. Excepto cuando les conviene. Que un ciudadano de a pie, lo que se dice la gente corriente, no sepa de conceptos relacionados con la teoría y la praxis política puede excusarse y comprenderse, pero que no sepan o no quieran saber quienes deberían estar obligados tiene, dicho sea entre comillas, hasta delito.

Es verdad que no siempre resulta fácil distinguir qué puede considerarse como tal y qué no, aunque, después de que lo acuñara Maquiavelo, hay una coincidencia muy generalizada respecto a su definición.

En resumidas cuentas, cuando se apela a esta expresión de lo que se habla es de la medida excepcional que un gobernante se ve forzado a adoptar en una situación igualmente excepcional para salvaguardar la integridad de la patria a la que sirve y representa, desde el supuesto aceptado de que la integridad de dicha patria es un valor superior que se ha de proteger y defender por encima de cualesquiera otros valores.

Pues eso, razón de estado es lo que se precisa para intentar abordar y solucionar el grave problema derivado del desafío independentista de Cataluña. Quien no se ubique en estas coordenadas para analizar esta cuestión o no se entera de lo que va esta historia o hace trampas.

En opinión de un servidor, lo repito y lo repetiría hasta la saciedad, para resolver el conflicto catalán no queda otra que sentarse y negociar a fin de buscar las bases de un acuerdo que posibilite otra vez el encaje de esta comunidad autónoma en la estructura territorial del reino trazada en el capítulo octavo de la Constitución de 1978. Un pacto institucional  e intergeneracional renovado que satisfaga medianamente a todas las partes contendientes. La alternativa a esto sería mantener una estrategia de enfrentamiento permanente que causa un terrible desgaste social, moral y económico y que, lo que es peor, no conduce a nada.

Aunque hay muchos  a quienes les encantaría, no se puede meter a todos los independentistas en chirona. Entre otras cosas, porque no habría cárceles en Europa para encerrar a todos los que son y a los que se esperan.

La única vía para salir del atolladero en el que nos encontramos –por culpa de los irresponsables que promovieron el procés y de quienes no hicieran nada por evitarlo cuando pudieron hacerlo– es la de forjar un nuevo consenso, parecido al que se forjó hace 42 años, para conseguir que los nacionalistas vuelvan a ser partícipes en la reconstrucción o remodelación y dirección de este país de países. No obstante, en esta ocasión, a ser posible, el arreglo o los arreglos a que se lleguen no deberían dar cuartel alguno –como si ocurrió lamentablemente en el pasado– a los apaños espurios y las corruptelas.

Si París bien valió una misa, España bien vale un indulto, y mil, si fueran necesarios.

Punto y seguido.

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