No recuerdo el día exacto. Sólo que fue una mañana de hace ya mucho y que tenía un resacón de campeonato. Corrían tiempos disolutos para mí. Flanqueado por los fantasmas que poblaban aquel viejo y destartalado estudio en el que esbocé los primeros versos de mi más temprana adolescencia, me devanaba los sesos, frente a una hispano olivetti –por aquel entonces los ordenadores aún eran cosa de ciencia ficción– y de cuando en cuando mi mirada se perdía en la imagen de la Marilyn que decoraba la pared de enfrente. Había empezado mi segundo o tercer proyecto de novela con una idea que era toda una pasada. Ese día, tuvo que ser ese día, si no antes, decidí que quería ser escritor. Aunque, la verdad sea dicha, no me encontraba yo muy católico y en mis adentros todavía seguía dándome la lata el demonio de la embriaguez. ¡Jodido mal de amores!
Nací el 4 de enero de 1965 (¡ya me estoy haciendo viejo!) y actualmente ejerzo, por un capricho del azar, en el ámbito del periodismo, además de ser licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, máster en Identidad Europea Medieval y casi doctor (¡qué se dice pronto!) en Patrimonio, Sociedades y Espacios de Frontera.
Pero no se vayan a pensar que a lo que me dedico es a un periodismo de altos vuelos, ¡qué más quisiera yo! Hablo de un periodismo como de andar por casa. Una actividad tan grata e ingrata a la vez, como cualquier otra, a la que le debo, no obstante, directa e indirectamente, injusto sería no reconocérselo, la publicación de numerosos artículos, cuentos, poemas y varios libros, así como el hecho de que me haya sumergido durante los últimos años en el fascinante mundo de la investigación histórica…
Me llamo J. A. Ortega.
























