Volvemos a Keynes, aunque con matices

Comparto la decepción expresada por alcaldes de la comarca respecto al proyecto de los presupuestos generales del estado para 2021, que fue presentado la pasada semana. El Campo de Gibraltar, una vez más, es víctima de un agravio comparativo. Repite como zona olvidada por el Gobierno central en lo que se refiere a la distribución de los recursos disponibles dentro del territorio patrio. Cosa que no se entiende teniendo en cuenta la alta tasa de desempleo que nos aqueja.

Es verdad que estos presupuestos contemplan un incremento de la partida destinada a la línea férrea Algeciras-Bobadilla con relación a los anteriores, pero se trata de un aumento irrisorio. Y es verdad también que en el último año se ha hecho un esfuerzo por parte del Ejecutivo en materia de seguridad ciudadana y lucha contra el narcotráfico, de igual manera que se está realizando un ingente desembolso en atención social, mas todo eso no basta. Es pan para hoy y hambre para mañana. Así que las quejas están justificadas.

Hay que recordar, no obstante, que los presupuestos no son más que una previsión de ingresos y gastos para un ejercicio anual y que más importante que la previsión es su ejecución final. De nada vale anunciar una inversión millonaria si luego no se gasta ni una ínfima parte de lo anunciado, como ha ocurrido ya en más de una ocasión precisamente con el tema del tren por estas tierras campogibraltareñas.

Aunque como de ilusiones se vive, cabe esperar que durante su tramitación en las Cortes el proyecto presupuestario pueda ser modificado y mejorado, para que sean consideradas algunas de las reivindicaciones básicas y de las necesidades más perentorias de quienes habitamos este rincón del sur de España.

Por lo demás, y salvo la pega ya señalada, la propuesta de cuentas para 2021 está cargada de muy buenas intenciones y se centra en lo que este país en estos momentos precisa.

En una situación excepcional como la actual, el sector público tiene que asumir la responsabilidad que le corresponde y tirar del carro. Máxime, en un sistema mixto de libre mercado como lo es el nuestro. Frente a la profunda recesión en la que nos encontramos no queda otra que poner en práctica, pero con matices, políticas fiscales expansivas y anticíclicas, aprovechando con buen criterio lo que nos va a llegar desde Europa. Ni el neoliberal más ortodoxo discutiría este planteamiento, excepto Daniel Lacalle, claro. Como no se discute, por ejemplo, que se auxilie a la industria del automóvil cuando se estanca.

Volvemos a Keynes, porque, como resulta evidente, sus tesis no han pasado de moda. Si la demanda se desploma ha de reactivarse. Esto es de manual, de primer curso de introducción a la economía.

Punto y seguido.

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