Nunca es tarde si la dicha es buena

O casi nunca. Como ocurre en el caso que nos ocupa. La orden del Ministerio de Hacienda, ya publicada en el Boletín Oficial del Estado, que autoriza la implantación de un espacio con fiscalidad especial en la conocida zona de El Fresno –unos 130.000 metros cuadrados útiles y 200.000 metros cuadrados de superficie bruta destinados a la ubicación de empresas, que se verán favorecidas por un tratamiento impositivo excepcional, lo que contribuirá a la generación de actividad económica y, por tanto, riqueza y empleo– es una magnífica noticia para Los Barrios y para el Campo de Gibraltar. Una buena nueva para estos lares que, por lo pronto, ya genera ilusión. Y de ilusiones también se vive.

No obstante, del dicho al hecho hay un buen trecho, y mucho me temo que con este proyecto en ciernes ocurra lo que con tantos otros. No que no se haga realidad –no soy tan pesimista como para creer eso–, pero sí que se retrase más de lo necesario y lo debido.

Llevo oyendo, hablando y escribiendo sobre la ZAL –Zona de Actividades Logísticas– más de 20 años, casi lo mismo que llevo dedicándome a esto del periodismo, y aun reconociendo que se han dado pasos hacia adelante a lo largo de todo este tiempo, hay veces en que se me antoja como “la historia interminable”, y no precisamente la de Michael Ende.

Al ritmo que se desarrolla, su ejecución se va a prolongar más que el parto de la burra, que se diría en mi pueblo. Es lo que pasa con los macro-proyectos y la construcción de grandes infraestructuras promovidos desde el sector público, que en ocasiones se demoran en exceso, o bien por problemas de burocracia, o bien por las modificaciones en las prioridades de los responsables de la administración de turno, si no como consecuencia de una crisis y la consiguiente no disponibilidad de recursos, tal y como ha sucedido en los últimos diez años.

Con la amenaza del brexit cerniéndose sobre el horizonte, aparte de otras circunstancias coyunturales negativas que causan preocupación, como los signos que indican desaceleración de la economía o la guerra comercial entre EE.UU. y China, no hay motivos para pensar que ahora no se vaya a apostar con la firmeza que haga falta por la implementación de una iniciativa como esta, vital para el sostenimiento de esta comarca y para rescatarla del olvido secular en el que se haya sumida.

Entretanto, me alegro sobremanera por el cambio de opinión –rectificar es de sabios– en aquellos que, cuando se empezaron a sentar las bases de este plan de actuación, se opusieron y no solo no ayudaron para que la cosa prosperara, sino que hasta la boicotearon, y no me estoy refiriendo a los movimientos ecologistas, ni mucho menos. Es de celebrar que ahora lo aplaudan incluso más que quienes en un principio lo impulsaron. A fin de cuentas, errar es de humanos.

Viva Campo de Gibraltar, 7 de octubre de 2019

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