Entorno VICA

Urna

Como nos encontramos inmersos ya –de hecho, lo estamos prácticamente, sin exagerar una pizca, desde diciembre de 2015– en la campaña pura y dura de cara a las citas con las urnas de abril y mayo, se está poniendo, como nunca, el foco en las encuestas. Y muy especialmente en las que elabora y publica el CIS, desde que lo preside José Félix Tezanos. Personalidad, por cierto, cuya gestión al frente de este organismo está siendo, a mi juicio, más discutida de lo que merece, pues no hay que olvidar que este catedrático de Sociología es toda una eminencia y, por tanto, un referente en España dentro del ámbito de las Ciencias Sociales.

Sí, parece ser que existe una mayor preocupación por la calidad y predictibilidad de los sondeos electorales de la habida en otras épocas de nuestra reciente democracia. Quizá debido a la trascendencia del momento presente, con todo lo que está en juego, y a las emociones que derivan de él. No en vano, las encuestas –realizadas, obviamente, con el mínimo rigor exigible– constituyen una herramienta poderosa tanto para quien gobierna como para quien aspira a hacerlo.

En primer lugar, porque aportan información valiosa y necesaria sobre el estado de opinión de la ciudadanía y sobre sus preferencias, lo que permite a los partidos políticos tener una idea de cómo adaptar y afinar sus mensajes para obtener el mejor de los resultados posibles y maximizar sus votos.

Y, en segundo lugar, porque contribuyen a condicionar el voto. Anticipan un escenario que, como en el caso de las profecías que se autocumplen, o se cumplen a sí mismas, tiende a materializarse.

Como dejara dicho W. I. Thomas en su teorema, “si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”. Y ya es sabido que la gente suele apostar a caballo ganador.

Lejos de compartir esa inclinación, tan extendida entre los entendidos y los no entendidos en la materia, por resaltar los errores de los vaticinios electorales en lugar de sus aciertos, yo soy de los que prefieren destacar estos últimos.

Por mucho que se diga, a veces demasiado alegremente, las encuestas siempre nos han indicado, y con bastante antelación, salvo alguna rara excepción, qué opciones iban a ganar en cada una de las elecciones que se han venido convocando a lo largo de las últimas décadas. (No hay más que echar un vistazo a las hemerotecas). Cosa distinta es, por supuesto, la mayor o menor exactitud de sus pronósticos. Lo que se comprende fácilmente si se recuerda que la Sociología, aunque emplea el método científico hasta donde puede, no es, y esperemos que no lo sea nunca, una ciencia exacta.

Lo que ocurre de un tiempo a esta parte (desde 2011 para acá) es que nuestro sistema –no hace falta ser sociólogo para constatar el dato– ha experimentado notables cambios, se ha vuelto mucho menos predecible de lo que lo era cuando el predominio se lo repartía el tándem PP-PSOE, y también ha variado el perfil de los electores. Aunque los dos principales partidos continúan manteniendo un alto nivel de fidelidad entre sus votantes, la irrupción en escena de nuevas fuerzas ha dado lugar a lo que los expertos llaman un entorno VICA. Esto es, un contexto político más volátil, más incierto, más complejo y más ambiguo de lo que lo había sido hasta la fecha. Y así, evidentemente, es mucho más difícil dar en el clavo.

Viva Campo de Gibraltar, 11 de marzo de 2019

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