De la necesidad como virtud a la virtud como necesidad

Materialismo versus posmaterialismo

(Una somera aproximación al tránsito hacia la posmodernidad  a la luz de las tesis de Inglehart).

Octubre de 2015

Instantánea en blanco y negro ante un grafiti del Muro de Berlín

Introducción

Inglehart[1] parte de una observación aparentemente insustancial en la que todos hemos reparado alguna que otra vez en nuestra cotidianeidad. Sin ánimo de restarle mérito, sino todo lo contrario, de una obviedad  a la que se esfuerza por elevar –y lo consigue– a la categoría de ciencia, ciencia social, pero ciencia en definitiva. La de que los seres humanos damos prioridad a la necesidad de garantizar nuestra seguridad y nuestra manutención cuando sentimos que tanto una cosa como la otra no lo están. Y es que en los pequeños detalles (la caída de una manzana en su cabeza mientras leía bajo un árbol –eso dicen– llevó a Newton a formular la Teoría de la Gravedad) se oculta a veces mucha más información de la que imaginamos.

Parte, en efecto, de ese hecho constatable y constatado y, a renglón seguido, de cómo la importancia que damos a dicha necesidad decrece a medida que sentimos que está cubierta para sustituirla por otras, digamos, más elevadas, puede que hasta frívolas en determinados casos, según algunos. O dicho de otro modo: de cómo los mortales terrícolas hacemos de la necesidad virtud, en tiempos de carencia –vacas flacas–, y de la virtud necesidad, en tiempos de bonanza –vacas gordas–. Lo que, convendrán con nosotros, no deja de ser algo lógico, natural y previsible. Luego no ha de hacerse más que la traslación de lo individual a lo colectivo (a lo social) y suponer que al igual que los individuos actúan de esa manera la sociedad a la que pertenecen hará también lo mismo.

Como esa referida observación nos encontramos otras muchas de las que extraemos conclusiones que damos por sentadas sin que, no obstante, hayan sido sometidas  a la más mínima prueba de falsación –permítasenos el recurso a la epistemología popperiana[2]– para darlas por buenas. La originalidad de Inglehart –dejando aparte el resultado de su labor– está precisamente en la iniciativa de partir de ahí, de tomar como punto de partida tal obviedad, y efectuar su comprobación siguiendo el método científico en la medida que el objeto de estudio se lo posibilita.

La tesis de Inglehart se basa en la diferenciación entre lo que él llama valores materialistas y posmaterialistas.  Entendiendo por los primeros aquellos que tienen que ver con la satisfacción de las necesidades básicas (alimentación, vestido, seguridad física) y por los segundos, aquellos otros que otorgan una mayor importancia relativa a la satisfacción de necesidades no consideradas esenciales o prioritarias para la subsistencia, relacionadas con el medio ambiente y la calidad de vida, la educación, la cultura, etc. Y con ella –con su tesis– nos viene a decir que el predominio de unos valores en detrimento de los otros en una sociedad está muy estrechamente relacionado con los niveles de desarrollo económico, estabilidad y prosperidad de que dicha sociedad disfruta. De manera que cuanto mayores sean los niveles de bienestar alcanzados en un país más se inclinará su población en general a priorizar los valores posmaterialistas y cuanto menores sean dichos niveles mayor será la tendencia hacia los valores materialistas.

Para ello lleva a cabo una ardua y prolongada tarea de investigación, desde principios de la década de los 70 a la de los 90, es decir, durante más de 20 años. Un trabajo sustentado en encuestas en 43 países (primero la Encuesta Europea de Valores, después la Encuesta Mundial de Valores, cuando ya esta empezó a elaborarse), además de un estudio comparativo de la sociedad preindustrial, la sociedad industrial y la sociedad posinduistrial, a la luz de la Teoría de la Modernización, cuyos resultados le permite extraer conclusiones válidas para ir más allá y construir todo un entramado teórico sobre el cambio cultural y el cambio de valores, vinculados al relevo intergeneracional, y sobre cómo dichos cambios operan.

Por el punto de partida elegido se diría que Inglehart otorga todo el protagonismo al determinismo económico, siguiendo una línea neomarxista, opuesta a su contraria, que sería la neowebberiana. Mas no es así, porque, eludiendo toda simplificación, reconoce la interacción entre economía, sociedad, cultura y la imposibilidad de sobreponer el factor material al ideológico, o este a aquel. En este contexto, la dicotomía representada por los fenómenos de la modernización y la posmodernización está ya también servida, pues la transición desde el predominio de valores materialistas hacia posmaterialistas no es sino un aspecto más de la misma.


[1] Ronald Inglehart (1934). Politólogo estadounidense, profesor en la Universidad de Michigan y director de la Encuesta Mundial de Valores.

[2] En referencia a la Teoría Epistemológica de Karl Popper (1902-1994), filósofo, sociólogo y teórico de la ciencia austriaco y nacionalizado británico. Propuso el método de la falsación, a través de la crítica y la refutación, para validar el conocimiento científico.

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