Con el culo al aire

Dibujo de un culoPor si todavía a estas alturas de la película cabía alguna duda, la información sobre el contenido de las grabaciones efectuadas por el excomisario Villarejo a la que fuera secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, debería resultar bastante esclarecedora. Debería, pero es obvio que para algunos –los adláteres, los incondicionales, los forofos radicales, etcétera, etcétera, lamentablemente muchos– no lo será. Ya se sabe, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

No, señoras y señores, lo del Partido Popular no eran unos cuantos casos de corrupción aislados y desperdigados por la geografía nacional. Era toda una trama, y además una trama muy bien hilada. En la planta noble de Génova 13 todo el mundo sabía lo que estaba ocurriendo y casi todos los personajes que por allí deambulaban parece que estaban metidos en el ajo. Por saberlo, lo podrían saber hasta el bedel de turno y el chico de los recados.

Como decía un buen amigo, el PP durante años funcionó como una muy eficiente agencia de recaudar dinero y repartir ganancias, dirigida por individuos (socios y socias) que, de paso, y como hobby, también se dedicaban a eso de la política.

Una cosa es que, en una organización que ha acaparado los grandes resortes del gobierno de un país como el nuestro a lo largo de las últimas décadas algunos responsables te salgan ranas, y otra cosa muy distinta es que una amplia parte de la dirección de dicha organización durante años haya sido partícipe activo, o a título lucrativo, de comportamientos no ya solo moralmente reprobables, sino incluso de carácter delictivo, cuasi mafiosos. Y es que las malas junteras traen lo que traen. ¡Qué me lo digan a mí!

¿A quién se le ocurre reunirse con un agente de policía de la calaña del susodicho, dispuesto a venderse al mejor postor, para tratar sobre tan turbios asuntos y encima meterlo en el despacho? Sobre todo, teniendo en cuenta que el tipo por aquel entonces ya debía de gozar de cierta fama y apuntar maneras de confidente capaz de poner en jaque a la monarquía y otras instituciones principales del reino.

Me imagino que más de uno de los altos jerarcas del Partido Popular que en alguna ocasión haya alternado con este elemento hoy enchironado y entre copa y copa se haya ido de la lengua más de lo conveniente tiene que estar acojonado. Aunque, por desgracia, es muy probable que lo mismo se pueda decir respecto de algún que otro alto jerarca del PSOE, la otra formación que, junto a la de los populares, ha manejado el cotarro y repartido el bacalao en España, desde la restauración de la democracia en 1976.

Y es que, cuando en el ejercicio del poder se recurre a los servicios de ciertos profesionales relacionados con las cloacas del estado –léase: pelotas, correveidiles, chivatos, oportunistas, demagogos o espías sin escrúpulos– para que te hagan el trabajo sucio, pasa lo que pasa, que a las primeras de cambio te la juegan y te dejan con el culo al aire.

Viva Campo de Gibraltar, 5 de noviembre de 2018

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