¡Va por ellos!

Esta semana quiero dedicar las líneas de esta tribuna a los compañeros de La Nueva Verdad del Estrecho y sumarme a la denuncia pública sobre la penosa e inaceptable situación laboral que han venido viviendo, hasta hace no mucho, si no me equivoco. En realidad, debería haberlo hecho ya hace algún tiempo, porque en más de una ocasión a lo largo de las últimas semanas he pensado en ello.

Sí, quiero dedicar estas líneas a esos compañeros periodistas que se han tirado meses sin cobrar sus salarios y lo han estado pasando canutas. Quiero expresarles mi solidaridad, del mismo modo que, cuando tocó, expresé mi solidaridad con los compañeros recientemente despedidos de otro diario de la comarca.

Y quiero aprovechar también para manifestar mi más rotunda repulsa hacia esas prácticas deleznables de algunas empresas del ámbito de la comunicación que permiten que estas cosas ocurran. Porque, aunque resulta indudable que las editoriales para subsistir y publicar periódicamente necesitan echar cuentas, en definitiva, obtener rentabilidad y beneficio, creo que es un error su acusada tendencia a centrarse solo en eso –en la pasta– y perder el norte. Los números, en efecto, tienen que salir, sí, pero el producto, el bien, el servicio que se pone a la venta cada mañana, esto es, las noticias que se difunden, deben cuidarse. Y para ello no hay otra vía que la de cuidar a quienes lo hacen posible, que no son otros que los profesionales del periodismo, por desgracia, cada día peor tratados y valorados.

Aunque más rechazo me provoca aún, si cabe, las prácticas de los empresarios oportunistas que van por ir camelando a diestro y siniestro para poner en marcha proyectos con los que sacar tajada rápida para luego quitarse de en medio, dejando más de un bigote a Hacienda, a la Seguridad Social y a sus proveedores, así como a todo su personal humano en la estacada.

Es injusto que estos compañeros de La Nueva Verdad del Estrecho, profesionales como la copa de un pino que tienen tras de sí un currículo en el periodismo que ya quisiéramos para sí algunos de los que nos dedicamos a este oficio, se vean como se están viendo. Tan injusto como injusto es el trance similar por el que han pasado otros muchos periodistas a lo largo de los últimos años como consecuencia de la crisis. Hasta el punto de que es el periodismo uno de los sectores que, en términos comparativos, más ha sufrido la recesión y la caída del empleo.

Sí, la profesión periodística está en sus horas más bajas. Y lo está porque a lo de la crisis, por si no fuera bastante, se suma la revolución que en esta actividad están causando las nuevas tecnologías. Pero, si la profesión periodística está en sus horas más bajas, peor se encuentra la figura del periodista, que, salvo estelares excepciones, está dejando de ser el protagonista en la generación de información, para convertirse en algo así como la simple pieza de un engranaje y caer en una suerte de alienación, en el sentido no solo puramente marxista del término.

Son bastantes los nombres de colegas campogibraltareños que me vienen en este momento a la memoria. Periodistas con experiencia y solvencia más que contrastadas que se han visto en la puta calle, después de haber currado durante años en diferentes medios, y después de haberlo hecho, además, con nota de sobresaliente. Así que… ¡va por ellos!

Viva Campo de Gibraltar, 17 de noviembre de 2017

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