Todo, todo corazón…

Vista de Los Barrios desde Cerro MarceloEs sabido que no profeso ningún tipo de simpatía hacia el actual alcalde de Los Barrios. Y también que no comparto con él afinidades ideológicas. Sin embargo, esta semana voy a hacer una excepción y voy a salir en su defensa. Voy a echarle, como vulgarmente se dice, un capotazo. Aunque no sea para mí –lo admito– plato de buen gusto.

No conozco el contenido de la lista provisional de personas admitidas para ser beneficiarias del nuevo Programa Extraordinario de Ayuda a la Contratación en el municipio barreño puesto en marcha por la Junta de Andalucía, pero no tengo razones para dudar, y no dudo, de la profesionalidad de los técnicos que han llevado a cabo la selección. Entiendo la frustración de quienes, encontrándose en una situación difícil, o tal vez desesperada, tenían la esperanza de ser incluidos en dicha lista y no lo han sido. Entiendo hasta que protesten y que sospechen de alguna posible irregularidad, intencionada o no, cometida en el proceso. Ahora bien, el que crea que debe estar entre los afortunados y no lo está lo que tiene que hacer es presentar donde corresponde las oportunas alegaciones y solicitar nuevamente que se le incluya, en lugar de parapetarse tras un localismo exacerbado y malsano, como el que, por cierto, el Partido Andalucista del señor Romero exhibió alguna que otra vez mientras estuvo en la bancada de la oposición.

Dicho esto, a mí lo que de verdad me parece miserable y deleznable es criticar la relación provisional de admitidos para el citado programa poniendo en el punto de mira el origen de algunas de las personas seleccionadas. Un comportamiento este que refleja mucho sobre la mezquindad y la pequeñez de espíritu de quien lo asume.

Actitudes como esta de la que hablo son las que alimentan el crecimiento de grupúsculos de fascistas y neonazis y oenegés de inspiración racista y xenófoba integradas por energúmenos que, en estos tiempos de crisis en los que vivimos, abogan por el ofrecimiento de ayuda social única y exclusivamente a los que ellos consideran “españoles de pura cepa” y por la persecución de los que no lo son.

Quienes viven y trabajan entre nosotros y contribuyen en la medida de sus posibilidades como nosotros no solo deben tener los mismos derechos que nosotros, procedan de donde procedan, sino que, además, y por suerte, así como por acierto de nuestro ordenamiento jurídico, de hecho los tienen. Pero, es más, estoy convencido de que sería un acto de inhumanidad y, por tanto, un atentado contra lo que la mayoría de la buena gente de este mundo, con nuestras diferencias, entendemos por justicia universal.

Me indigna que en un país de emigrantes como lo ha sido y lo sigue siendo el nuestro haya quienes todavía muestran desprecio hacia los inmigrantes que vienen a esta tierra a buscarse la vida. Y aún me indigna más que los haya en el pueblo en el que nací y en el que resido, que –no lo olvidemos– lleva a gala eso de ser sencillo, hospitalario y –como escribió el querido rapsoda e Hijo Predilecto de la Villa don Isidro Gómez– todo, todo corazón.

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