Sánchez, presidente

Pedro Sánchez Pérez-CastejónNo comparto ni el criterio de la secretaria general del PSOE de Andalucía ni el de los barones que la secundan. Pienso que Pedro Sánchez debe y tiene que intentar lograr un acuerdo para ser investido presidente y formar un gobierno que lleve a cabo muchas de las reformas que este país necesita y que una mayoría de los ciudadanos están demandando. Una negativa como la de Rajoy, además de irresponsable, no se habría entendido. El tímido apoyo que ahora Susana Díaz y otros próceres del PSOE exhiben hacia el candidato socialista, una vez que este ha recibido el encargo del jefe del estado me resulta –dicho sea con todos los respetos– un tanto hipócrita. La posición que Díaz y compañía han mantenido y en el fondo mantienen es, aparte de engañosa, contradictoria. Pues no se puede defender, por un lado, el discurso de “al PP ni agua” y, por otro, el de que “con populistas y separatistas no se pacta”, al mismo tiempo que se dice también que las elecciones no deben repetirse porque no sería bueno para España. ¿En qué quedamos?

Creo que Sánchez está demostrando tener, en unas circunstancias tan complicadas como las presentes, tanto para el país, en general, como para la formación política a la que representa, en particular, valentía, capacidad, temple e inteligencia, a pesar de ser bisoño en las lides en las que se halla inmerso. Y buena prueba de ello es el golpe de efecto inesperado con el que sorprendió a toda la plana mayor del PSOE en la reunión del comité federal del pasado sábado 30 de enero. Porque lo de contar con las bases del partido, y someter el contenido del posible pacto que alcance con otras fuerzas políticas a la consideración de la militancia, puede considerarse una jugada maestra que pilló con el paso cambiado a algunos de quienes parecen esperar, y hasta desear, que el hombre se estrelle en la difícil travesía hacia la presidencia del Gobierno en la que se ha embarcado, para luego defenestrarlo en el congreso de mayo.

El PSOE no puede ni debe pactar con el PP. Y menos aún otorgándole un cheque en blanco a un nuevo ejecutivo presidido por Rajoy –un presidente bajo sospecha y cercado por la corrupción– para que en España se implementen las mismas políticas que se han venido implementando desde 2011 hasta la fecha y que tanto rechazo han provocado en la ciudadanía. Tampoco puede ni debe permitir la repetición de unos comicios generales que arrojarían unos resultados similares a los del pasado 20 de diciembre y conducirían a una situación de difícil gobernabilidad como la actual. Así que –lo quieran asumir o no los llamados barones del partido– al PSOE no le queda otra que gobernar. Y, por supuesto, gobernar –sobra decir que no a cualquier precio– acertando y haciéndolo bien para evitar hundirse en el abismo y acabar como ha acabado el PASOK en Grecia.

En cuanto a eso del precio, y ya que lo menciono, se comprende que sea este un tema con el que los adversarios de los socialistas derrochen demagogia, pero, desde luego, no se comprende que hagan ídem de lo mismo algunos de los máximos dirigentes territoriales del partido. Y se comprende menos aún que lo hagan, por ejemplo, en clara referencia al reto del secesionismo que el Estado va a tener que afrontar. Porque no hay que ser muy listos para saber que si no se tienden puentes, si no se dialoga con los independentistas, el problema del independentismo no hay quien lo solucione.

Viva Campo de Gibraltar, 5 de febrero de 2016

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