¿Revolución catalana?

Una de las preguntas que se me ocurren al abordar lo que está sucediendo en Cataluña es si estamos asistiendo a lo que en términos politológicos y sociológicos podría definirse como revolución. O reacción, si se prefiere. Por aquello de que hay veces en que revolución y reacción se confunden. La primera auténtica revolución –o reacción– de corte independista desde el siglo XVII hasta la fecha. En el sentido de que es la primera gran movilización con la ciudadanía como protagonista. Cosa comprensible, si se tienen en cuenta las repercusiones políticas, sociales y económicas que tienen hoy día los medios de comunicación, las posibilidades de participación que ofrecen las nuevas tecnologías, las consecuencias de la grave crisis económica que hemos padecido y, cómo no, los errores de bulto cometidos desde los gobiernos central y autonómico promoviendo, en lugar de evitar, las condiciones más idóneas para el levantamiento soberanista. (Porque en toda conciencia nacional, aparte de los factores históricos, geográficos, culturales y lingüísticos, hay también mucho de artificio que las élites manipulan a su antojo).

Y al plantearme esta pregunta me han venido a la memoria inmediatamente tres de los varios conceptos claves que un teórico de la Ciencia Política como el estadounidense de origen turco Timor Kuran utiliza para aproximarse al estudio de los fenómenos revolucionarios y que podrían ser aplicables, aunque invirtiendo los papeles, en el supuesto que nos ocupa.

El primero de dichos conceptos es el de las “falsas apariencias”. Kuran viene a decir que los ciudadanos no siempre manifiestan públicamente la verdad respecto a su posicionamiento político ante una determinada situación de status quo y la posibilidad de modificarlo o no mediante la contestación o la rebeldía. Y que actúan así porque son o se sienten coaccionados a no hacerlo. Que es lo que en cierto modo está sucediendo en Cataluña con el desafío secesionista llevado hasta sus últimas consecuencias por la Generalitat. Con el follón que se está armando, cualquiera diría que una mayoría abrumadora de catalanes está por la independencia y no está nada claro que sea así.

El segundo, es el que el citado autor denomina “umbral revolucionario”. El límite más allá del cual cada individuo estará dispuesto a no seguir apoyando el status quo, no continuar falsificando sus preferencias, y rebelarse. Hacerle el juego a Puigdemont y compañía,  y no al revés, en este caso.

Y el tercero es el que este autor señala con la expresión “revolutionary bandwagon”. (O, dicho en cristiano, “subirse al carro”). Con la que se refiere al fenómeno que se registra en todo proceso revolucionario o movimiento social cuando va in crescendo y cada vez más individuos se van sumando a la causa. El también conocido como “efecto arrastre” que en una sociedad puede ejercer un tipo de moda, una corriente ideológica, un gusto o una determinada tendencia y que tiene mucho que ver con la naturaleza gregaria de los seres humanos. Ya saben… donde va la gente va Vicente…

La cuestión, no obstante, en lo que se refiere al problema catalán, es hacia dónde va o quiere ir la gente en Cataluña. Todo va a depender mucho de lo que ocurra después del próximo domingo…

Viva Campo de Gibraltar, 29 de septiembre de 2017

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