El dilema de Sánchez

Pedro Sánchez Pérez-CastejónLo tengo medio claro. Si yo estuviera en el pellejo de Pedro Sánchez, lo que habría hecho, y hace ya semanas, o lo que haría, de estar aún a tiempo, es convocar a las bases del PSOE. Dar la voz a la militancia para que sea esta la que decida qué camino ha de tomar el partido ante la encrucijada en la que se encuentra. Permitir que sean los socialistas de a pie con carné, y cuya mayoría no viven de la política, los que digan qué posición debe adoptar la organización a la que pertenecen y sustentan en lo que se refiere a la constitución de un nuevo gobierno tras los resultados de los comicios del pasado 26 de junio. A saber: si se decanta por la abstención, para permitir un ejecutivo en minoría presidido por el PP; si se intenta la conformación de un gobierno alternativo, para superar la actual situación de bloqueo, o si nos citamos otra vez con las urnas en Navidad. Difícil elección, por cierto. “To be or not to be”, que diría el poeta, Shakespeare, para ser más exactos.

De esas tres opciones, parece ser que la que mayor perjuicio podría causar al PSOE, al propio Sánchez y, desde luego, a España es la de volver a ir a votar el 25 de diciembre. Las otras dos serían asumibles para el partido socialista y para su actual dirección federal, aunque, lógicamente, con muy dispares consecuencias, en función de los varios escenarios posibles y también otros factores intervinientes en el proceso más o menos ponderables y manejables.

El “no es no” de Pedro Sánchez es más que entendible. Y, por supuesto, sería igual de entendible un “no es no” de la militancia socialista. El PSOE podría quedar en mal lugar ante un electorado, el suyo, que no vería con buenos ojos eso de que se le facilite la continuidad en el gobierno del país a una formación inmersa en corrupción hasta las cejas y a un presidente al que le persigue a diario la sombra de la sospecha.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta que la posibilidad algo remota de conformar un gobierno alternativo junto a Unidos Podemos, con el beneplácito de otras fuerzas, no solo depende de Sánchez y compañía, a este humilde y modesto observador de lo que sucede en torno a nuestra res publica se le antoja que la opción de la abstención para que el candidato a la presidencia del Partido Popular, sea o no Mariano Rajoy, pueda ser investido no es del todo mala para el PSOE. No sería mala, creo, si fuera capaz de venderla a un alto precio y, por supuesto, después de demostrar que se han apurado hasta el límite las demás vías. Actuando de este modo los socialistas evitarían quedar como los culpables de la situación de ingobernabilidad, de la que, todo sea dicho, no son más ni menos responsables que otros, y siempre tendrían a mano liderar una moción de censura, en cualquier momento de la nueva legislatura, si la deriva de los acontecimientos lo requiriese.

Viva Campo de Gibraltar, 9 de septiembre de 2016

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